Meditación de la Palabra de Dios para esta XIII semana del Tiempo Ordinario

Lunes de  la  XIII Semana del Tiempo Ordinario 


Lectura de la profecía de Amós 2, 6-10. 13-16

Así dice el Señor:
«A Israel, por tres delitos
y por el cuarto, no le perdonaré:
porque venden al inocente por dinero
y al pobre por un par de sandalias;
revuelcan en el polvo al desvalido
y tuercen el proceso del indigente.
Padre e hijo van juntos a una mujer,
profanando mi santo nombre;
se acuestan sobre ropas dejadas en fianza,
junto a cualquier altar,
beben vino de multas
en el templo de su Dios.
Yo destruí a los amorreos al llegar ellos;
eran altos como cedros, fuertes como encinas;
destruí arriba el fruto, abajo la raíz.
Yo os saqué de Egipto,
os conduje por el desierto cuarenta años,
para que conquistarais el país amorreo.
Pues mirad, yo os aplastaré en el suelo,
como un carro cargado de gavillas;
el más veloz no logrará huir,
el más fuerte no sacará fuerzas,
el soldado no salvará la vida;
el arquero no resistirá,
el más ágil no se salvará,
el jinete no salvará la vida;
el más valiente entre los soldados
huirá desnudo aquel día».
Oráculo del Señor.

Salmo responsorial: Salmo 49, 16bc-17. 18-19. 20-21. 22-23 (R.: 22a)
R. Atención, los que olvidáis a Dios.
«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?» R.
«Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño». R.
«Te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara». R.
«Atención, los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios». R.


 Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 18-22
En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla.
Se le acercó un escriba y le dijo:
—«Maestro, te seguiré a donde vayas».
Jesús le respondió:
—«Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Otro, que era discípulo, le dijo:
—«Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Jesús le replicó:
—«Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos».


Reflexión : 


Comencemos por evocar que Dios nos llama a reconocer su misericordia como Él hace proezas con nosotros, por tanto, el libro del profeta Amós , nos refiere de todas las iniquidades del hombre  y como Dios  le recuerda todo lo que hace por él, sin embargo, el llamado del Señor es a seguirlo y ver lo grande que  hace  por  nosotros  .

Por otra parte el salmo nos recuerda cómo el hombre se rehusa a  seguir al Señor  y buscar sus  instintos, no obstante el salmista  nos  invita  a meditar  nuestras acciones  y visionar en la  búsqueda del Señor  y darle  la  importancia que se  merece. 


Por consiguiente, el evangelio nos reafirma  que  debemos  optar  por seguir al Señor, dejando de  lado todo los apegos que tenemos, puesto que  motiva a  tomar en serio el seguimiento de Cristo , pero también a reconocer  como Dios  nos  motiva  a ser  partícipes de salvación, por ello  es  viable  que  como cristianos reafirmemos  con un auténtico seguimiento la vivencia del evangelio. 


Pues, el verdadero seguimiento radica es ser  fieles  al Señor  y prefigurar su imagen de amor  y misericordia  al mundo. 


Martes de  la semana XIII del Tiempo Ordinario 

Lectura de la profecía de Amós 3, 1-8; 4, 11-12

Escuchad esta palabra que dice el Señor, hijos de Israel, a todas las familias que saqué de Egipto:
«A vosotros solos os escogí,
entre todas las familias de la tierra;
por eso os tomaré cuentas por vuestros pecados.
¿Caminan juntos dos que no se conocen?
¿Ruge el león en la espesura
sin tener presa?
¿Alza su voz el cachorro en la guarida
sin haber cazado?
¿Cae el pájaro por tierra
si no hay una trampa?
¿Salta la trampa del suelo
sin haber atrapado?
¿Suena la trompeta en la ciudad
sin que el pueblo se alarme?
¿Sucede una desgracia en la ciudad
que no la mande el Señor?
Que no hará cosa el Señor sin revelar su plan
a sus siervos, los profetas.
Ruge el león, ¿quién no teme?
Habla el Señor, ¿quién no profetiza?
Os envié una catástrofe
como la de Sodoma y Gomorra,
y fuisteis como tizón salvado del incendio,
pero no os convertisteis a mí
—oráculo del Señor—.
Por eso así te voy a tratar, Israel,
y porque así te voy a tratar,
prepárate a encararte con tu Dios».

Salmo responsorial Salmo 5, 5-6. 7. 8 (R.: 9a)
R. Señor, guíame con tu justicia.
Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R.
Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R.
Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia. R.


 Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 23-27
En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.
De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole:
—«¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!».
Él les dijo:
—«¡Cobardes! ¡Qué poca fe!».
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados:
—«¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!».


Reflexión : 


Con sano criterio, el profeta Amós nos  interlude a ver como es el hombre cuando  duda de Dios  y como el Señor realiza obras admirable en medio de los hombres y les hace  memoria  de cómo Él , los  ha escogido como su pueblo santo,  igualmente  hoy a  nosotros  nos llama a  vivir en espíritu de amor y reconocer su  misericordia .

No obstante, el salmista  nos  invita a refugiarnos en el Señor  y alejarnos de todo  aquello que  nos aparta de Dios , puesto que Dios  quiere  hacer  grandes cosas  por  nosotros. 

Consecuentemente a esto, el evangelio nos  muestra  una dificultad que tenían la  comunidad de los discípulos puesto que se sentían inseguros en su fe y por eso llaman al Señor  y el Señor les llama  la atención diciéndoles que son hombres de poca fe  y cobardes, pues bien, muchas veces  nosotros  tenemos este tipo de dificultades que nos tratan de intimidar, por ello el Señor  nos invita a tener fe, no obstante, Cristo nos  vivifica a ver las obras que hace Dios cuando ponemos  nuestra fe total en Él.   


Miércoles de  la XIII Semana del Tiempo Ordinario 


San Pedro y  San Pablo Apóstoles , Solemnidad  



Origen de la fiesta de San Pedro y San Pablo apóstoles, testigos de Jesús que dieron un gran testimonio. Se dice que son las dos columnas del edificio de la fe cristiana. Dieron su vida por Jesús y gracias a ellos el cristianismo se extendió por todo el mundo.

Los cadáveres de San Pedro y San Pablo estuvieron sepultados juntos por unas décadas, después se les devolvieron a sus sepulturas originales. En 1915 se encontraron estas tumbas y, pintadas en los muros de los sepulcros, expresiones piadosas que ponían de manifiesto la devoción por San Pedro y San Pablo desde los inicios de la vida cristiana. Se cree que en ese lugar se llevaban a cabo las reuniones de los cristianos primitivos. Esta fiesta doble de San Pedro y San Pablo ha sido conmemorada el 29 de Junio desde entonces.

El sentido de tener una fiesta es recordar lo que estos dos grandes santos hicieron, aprender de su ejemplo y pedirles en este día especialmente su intercesión por nosotros.

San Pedro

San Pedro fue uno de los doce apóstoles de Jesús. Su nombre era Simón, pero Jesús lo llamó Cefas que significa “piedra” y le dijo que sería la piedra sobre la que edificaría Su Iglesia. Por esta razón, le conocemos como Pedro. Era pescador de oficio y Jesús lo llamó a ser pescador de hombres, para darles a conocer el amor de Dios y el mensaje de salvación. Él aceptó y dejó su barca, sus redes y su casa para seguir a Jesús.

Pedro era de carácter fuerte e impulsivo y tuvo que luchar contra la comodidad y contra su gusto por lucirse ante los demás. No comprendió a Cristo cuando hablaba acerca de sacrificio, cruz y muerte y hasta le llegó a proponer a Jesús un camino más fácil; se sentía muy seguro de sí mismo y le prometió a Cristo que nunca lo negaría, tan sólo unas horas antes de negarlo tres veces.

Vivió momentos muy importantes junto a Jesús:

  • Vio a Jesús cuando caminó sobre las aguas. Él mismo lo intentó, pero por desconfiar estuvo a punto de ahogarse.

  • Prensenció la Transfiguración del Señor.

  • Estuvo presente cuando aprehendieron a Jesús y le cortó la oreja a uno de los soldados atacantes.

  • Negó a Jesús tres veces, por miedo a los judíos y después se arrepintió de hacerlo.

  • Fue testigo de la Resurrección de Jesús.

  • Jesús, después de resucitar, le preguntó tres veces si lo amaba y las tres veces respondió que sí. Entonces, Jesús le confirmó su misión como jefe Supremo de la Iglesia.

  • Estuvo presente cuando Jesús subió al cielo en la Ascensión y permaneció fiel en la oración esperando al Espíritu Santo.

  • Recibió al Espíritu Santo el día de Pentecostés y con la fuerza y el valor que le entregó, comenzó su predicación del mensaje de Jesús. Dejó atrás las dudas, la cobardía y los miedos y tomó el mando de la Iglesia, bautizando ese día a varios miles de personas.

  • Realizó muchos milagros en nombre de Jesús.

  • En los Hechos de los Apóstoles, se narran varias hazañas y aventuras de Pedro como primer jefe de la Iglesia. Nos narran que fue hecho prisionero con Juan, que defendió a Cristo ante los tribunales judíos, que fue encarcelado por orden del Sanedrín y librado milagrosamente de sus cadenas para volver a predicar en el templo; que lo detuvieron por segunda vez y aún así, se negó a dejar de predicar y fue mandado a azotar.

    Pedro convirtió a muchos judíos y pensó que ya había cumplido con su misión, pero Jesús se le apareció y le pidió que llevara esta conversión a los gentiles, a los no judíos.
    En esa época, Roma era la ciudad más importante del mundo, por lo que Pedro decidió ir allá a predicar a Jesús. Ahí se encontró con varias dificultades: los romanos tomaban las creencias y los dioses que más les gustaban de los distintos países que conquistaban. Cada familia tenía sus dioses del hogar. La superstición era una verdadera plaga, abundaban los adivinos y los magos. Él comenzó con su predicación y ahí surgieron las primeras comunidades cristianas. Estas comunidades daban un gran ejemplo de amor, alegría y de honestidad, en una sociedad violenta y egoísta. En menos de trescientos años, la mayoría de los corazones del imperio romano quedaron conquistados para Jesús. Desde entonces, Roma se constituyó como el centro del cristianismo.

    En el año 64, hubo un incendio muy grande en Roma que no fue posible sofocar. Se corría el rumor de que había sido el emperador Nerón el que lo había provocado. Nerón se dio cuenta que peligraba su trono y alguien le sugirió que acusara a los cristianos de haber provocado el incendio. Fue así como se inició una verdadera “cacería” de los cristianos: los arrojaban al circo romano para ser devorados por los leones, eran quemados en los jardines, asesinados en plena calle o torturados cruelmente. Durante esta persecución, que duró unos tres años, murió crucificado Pedro por mandato del emperador Nerón.

    Pidió ser crucificado de cabeza, porque no se sentía digno de morir como su Maestro. Treinta y siete años duró su seguimiento fiel a Jesús. Fue sepultado en la Colina Vaticana, cerca del lugar de su martirio. Ahí se construyó la Basílica de San Pedro, centro de la cristiandad.

    San Pedro escribió dos cartas o epístolas que forman parte de la Sagrada Escritura.

    ¿Qué nos enseña la vida de Pedro?

    Nos enseña que, a pesar de la debilidad humana, Dios nos ama y nos llama a la santidad. A pesar de todos los defectos que tenía, Pedro logró cumplir con su misión. Para ser un buen cristiano hay que esforzarse por ser santos todos los días. Pedro concretamente nos dice: “Sean santos en su proceder como es santo el que los ha llamado” (I Pedro, 1,15)
    Cada quien, de acuerdo a su estado de vida, debe trabajar y pedirle a Dios que le ayude a alcanzar su santidad.
    Nos enseña que el Espíritu Santo puede obrar maravillas en un hombre común y corriente. Lo puede hacer capaz de superar los más grandes obstáculos.

    La Institución del Papado

    Toda organización necesita de una cabeza y Pedro fue el primer jefe y la primera cabeza de la Iglesia. Fue el primer Papa de la Iglesia Católica. Jesús le entregó las llaves del Reino y le dijo que todo lo que atara en la Tierra quedaría atado en el Cielo y todo lo que desatara quedaría desatado en el Cielo. Jesús le encargó cuidar de su Iglesia, cuidar de su rebaño. El trabajo del Papa no sólo es un trabajo de organización y dirección. Es, ante todo, el trabajo de un padre que vela por sus hijos.

    El Papa es el representante de Cristo en el mundo y es la cabeza visible de la Iglesia. Es el pastor de la Iglesia, la dirige y la mantiene unida. Está asistido por el Espíritu Santo, quien actúa directamente sobre Él, lo santifica y le ayuda con sus dones a guiar y fortalecer a la Iglesia con su ejemplo y palabra. El Papa tiene la misión de enseñar, santificar y gobernar a la Iglesia.

    Nosotros, como cristianos debemos amarlo por lo que es y por lo que representa, como un hombre santo que nos da un gran ejemplo y como el representante de Jesucristo en la Tierra. Reconocerlo como nuestro pastor, obedecer sus mandatos, conocer su palabra, ser fieles a sus enseñanzas, defender su persona y su obra y rezar por Él.

    Cuando un Papa muere, se reúnen en el Vaticano todos los cardenales del mundo para elegir al nuevo sucesor de San Pedro y a puerta cerrada, se reúnen en Cónclave (que significa: cerrados con llave). Así permanecen en oración y sacrificio, pidiéndole al Espíritu Santo que los ilumine. Mientras no se ha elegido Papa, en la chimenea del Vaticano sale humo negro y cuando ya se ha elegido, sale humo blanco como señal de que ya se escogió al nuevo representante de Cristo en la Tierra.

    San Pablo

    Su nombre hebreo era Saulo. Era judío de raza, griego de educación y ciudadano romano. Nació en la provincia romana de Cilicia, en la ciudad de Tarso. Era inteligente y bien preparado. Había estudiado en las mejores escuelas de Jerusalén.
    Era enemigo de la nueva religión cristiana ya que era un fariseo muy estricto. Estaba convencido y comprometido con su fe judía. Quería dar testimonio de ésta y defenderla a toda costa. Consideraba a los cristianos como una amenaza para su religión y creía que se debía acabar con ellos a cualquier costo. Se dedicó a combatir a los cristianos, quienes tenían razones para temerle. Los jefes del Sanedrín de Jerusalén le encargaron que apresara a los cristianos de la ciudad de Damasco.
    En el camino a Damasco, se le apareció Jesús en medio de un gran resplandor, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” ( Hechos de los Apóstoles 9, 1-9.20-22.).
    Con esta frase, Pablo comprendió que Jesús era verdaderamente Hijo de Dios y que al perseguir a los cristianos perseguía al mismo Cristo que vivía en cada cristiano. Después de este acontecimiento, Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron a Damasco y pasó tres días sin comer ni beber. Ahí, Ananías, obedeciendo a Jesús, hizo que Saulo recobrara la vista, se levantara y fuera bautizado. Tomó alimento y se sintió con fuerzas.
    Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y después empezó a predicar a favor de Jesús, diciendo que era el Hijo de Dios. Saulo se cambió el nombre por Pablo. Fue a Jerusalén para ponerse a la orden de San Pedro.

    La conversión de Pablo fue total y es el más grande apóstol que la Iglesia ha tenido. Fue el “apóstol de los gentiles” ya que llevó el Evangelio a todos los hombres, no sólo al pueblo judío. Comprendió muy bien el significado de ser apóstol, y de hacer apostolado a favor del mensaje de Jesús. Fue fiel al llamado que Jesús le hizo en al camino a Damasco.

    Llevó el Evangelio por todo el mundo mediterráneo. Su labor no fue fácil. Por un lado, los cristianos desconfiaban de él, por su fama de gran perseguidor de las comunidades cristianas. Los judíos, por su parte, le tenían coraje por "cambiarse de bando". En varias ocasiones se tuvo que esconder y huir del lugar donde estaba, porque su vida peligraba. Realizó cuatro grandes viajes apostólicos para llevar a todos los hombres el mensaje de salvación, creando nuevas comunidades cristianas en los lugares por los que pasaba y enseñando y apoyando las comunidades ya existentes.

    Escribió catorce cartas o epístolas que forman parte de la Sagrada Escritura.

    Al igual que Pedro, fue martirizado en Roma. Le cortaron la cabeza con una espada pues, como era ciudadano romano, no podían condenarlo a morir en una cruz, ya que era una muerte reservada para los esclavos.

    ¿Qué nos enseña la vida de San Pablo?

    Nos enseña la importancia de la labor apostólica de los cristianos. Todos los cristianos debemos ser apóstoles, anunciar a Cristo comunicando su mensaje con la palabra y el ejemplo, cada uno en el lugar donde viva, y de diferentes maneras.

    Nos enseña el valor de la conversión. Nos enseña a hacer caso a Jesús dejando nuestra vida antigua de pecado para comenzar una vida dedicada a la santidad, a las buenas obras y al apostolado.

    Esta conversión siguió varios pasos:
    1. Cristo dio el primer paso: Cristo buscó la conversión de Pablo, le tenía una misión concreta.
    2. Pablo aceptó los dones de Cristo: El mayor de estos dones fue el de ver a Cristo en el camino a Damasco y reconocerlo como Hijo de Dios.
    3. Pablo vivió el amor que Cristo le dio: No sólo aceptó este amor, sino que los hizo parte de su vida. De ser el principal perseguidor, se convirtió en el principal propagador de la fe católica.
    4. Pablo comunicó el amor que Cristo le dio: Se dedicó a llevar el gran don que había recibido a los demás. Su vida fue un constante ir y venir, fundando comunidades cristianas, llevando el Evangelio y animando con sus cartas a los nuevos cristianos en común acuerdo con San Pedro.

    Estos mismos pasos son los que Cristo utiliza en cada uno de los cristianos. Nosotros podemos dar una respuesta personal a este llamado. Así como lo hizo Pablo en su época y con las circunstancias de la vida, así cada uno de nosotros hoy puede dar una respuesta al llamado de Jesús.
http://es.catholic.net/op/articulos/32203/pedro-y-pablo-santos.html



Misa vespertina de la vigilia 



Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 3, 1-10

En aquellos días, subían al templo Pedro y Juan, a la oración de media tarde, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se le quedó mirando y le dijo:
—«Míranos».
Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pedro le dijo:
—«No tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar».
Agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. La gente lo vio andar alabando a Dios; al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa, quedaron estupefactos ante lo sucedido.


Salmo responsorial: Salmo 18, 2-3. 4-5 (R.: 5a)
R. A toda la tierra alcanza su pregón.
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 1, 11-20

Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.
Habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados.
Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco.
Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y me quedé quince días con él.
Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor.
Dios es testigo de que no miento en lo que os escribo.

Cruz Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro:
—«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?».
Él le contestó:
—«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
—«Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta:
—«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
Él le contesta:
-«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Él le dice:
—«Pastorea mis ovejas».
Por tercera vez le pregunta:
—«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
—«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
—«Apacienta mis ovejas.
Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro té ceñirá y te llevará a donde no quieras».
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:
-«Sígueme».

Reflexión:

Echemos una mirada alrededor del mensaje del libro de los Hechos de los Apóstoles  y  vemos como Pedro y Juan regalan al lisiado la gracia y bendiciones de Dios, por tanto, optemos en conocer que la  misericordia de Dios es  infinita, por ello pone a sus  apóstoles a dar sus dones  a  todos  los  hombres  y  vivir arduamente  la  palabra de Dios  dando  de Cristo a todo  aquel que  lo necesita. 

En este mismo orden de ideas, el salmista  nos incentiva  a  allanad  los caminos del Señor y reconocer que su obra  recorre toda  la tierra , pues el Señor  nos  llena de  salvación.

No obstante, el apóstol San Pablo en la carta  a  los  Gálatas  nos  habla de  la conversión y la búsqueda de  la  Salvación en Cristo Jesús, pues bien, el apóstol nos  motiva a dejar la vida  pasada  y dejar que Dios  actué  en nosotros  y así eliminar de  nuestra vida  el hombre viejo que tiende al pecado y optemos  por el hombre  nuevo que busca  la santidad  y la  gracia de Dios. 

Esto trae a  colación que  el evangelio nos reafirme  el don del seguimiento y por ello seamos  fieles a Él , pues  el Señor le encomienda a Pedro  el guiar a su rebaño y éste es  un signo de que Dios  nos  perdona y Jesús  lo afirma tres veces en su fe, ya que Pedro lo negó igual número de veces  y  es  un signo de compromiso, de la  misma  manera el Señor  nos  quiere reafirmar en su  servicio a pesar de  nuestras caídas  para que volvamos  nuevamente a Él.


     MISA DEL DIA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 12, 1-11

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando de su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.
La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.
De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo:
—«Date prisa, levántate».
Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:
—«Ponte el cinturón y las sandalias».
Obedeció, y el ángel le dijo:
—«Échate el manto y sígueme».
Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel.
Pedro recapacitó y dijo:
—«Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos».


Salmo responsorial: Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 5b)
R. El Señor me libró de todas mis ansias.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Querido hermano:
Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.
El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar integro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Cruz Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-19
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
—«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
—«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
—«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
—«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le respondió:
—«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo:
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Reflexión: 

Cabe aquí anticipar que la palabra de Dios  hoy nos  invita a entender  la  grandeza de Dios y ver  lo importante de seguirlo. 


Bajo esta perspectiva,el libro de los Hechos de los Apóstoles nos manifiesta como el Señor va en busca de sus servidores y las dificultades que se  tienen y pues bien, el mal siempre busca alejarnos de Dios, pero Dios nos llama para que le sirvamos con santidad y entender su misericordia. 


También nos resalta la importancia de tener  un ángel guardián que vela  por  nosotros y ese  es el mensaje que  nos deja el libro de  los Hechos de  los Apóstoles. 


Es de destacar que, el Salmo 33 nos  motiva a darle gracias a Dios  y  bendecirlo  con nuestra vida  y reconocer que nuestro consuelo está en Él y en nadie más. 

Por ello, el apóstol San Pablo nos resalta  la  importancia de tener a Dios en nuestra vida  y como cuando nos  mantenemos en Cristo  somos  fortalecido y  así ser  llevados  por  la  gracia del Señor al premio prometido , cuando  trabajamos con esmero por el Reino.


Ciertamente y correlacional a esto, el evangelio nos motiva a ver  el signo de la  misión y la  edificación de  la Iglesia en pedro el apóstol que  reconoce a Jesús como el Mesías y  es este  el llamado que  el Señor quiere que manifestemos  teniendo una  fe  sólida reconociendo a Él , como el centro de nuestra realización. 


Jueves de  la Semana XIII del Tiempo Ordinario 



Lectura de la profecía de Amós 7, 10-17

En aquellos días, Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel:
—«Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: "Morirá a espada Jeroboam. Israel saldrá de su país al destierro"».
Dijo Amasías a Amós:
—«Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país».
Respondió Amós:
—«No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo de Israel".
Y, ahora, escucha la palabra del Señor: Tú dices: "No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac".
Pues bien, así dice el Señor: "Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro"».

Salmo responsorial: Salmo 18, 8. 9. 10. 11 (R.: 10b)
R. Los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.
La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.
Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.


 Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico:
—«¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados».
Algunos de los escribas se dijeron:
—«Éste blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:
—«¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados están perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —dijo dirigiéndose al paralítico—: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa"».
Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Reflexión:


El libro del profeta Amós  nos refiere a  mostrar la  voluntad de Dios a  los  hombres  y  así poder  manifestar  su  poder, pues  bien, el plan de Dios  va respecto a su plan de amor  hacia el hombre. 


Por esto es preciso afirmar que, lo que ha predispuesto se cumple y hace que su revelación Divina se manifieste y por ello sea anunciado a todos los hombres y vean la salvación que ofrece el Señor. 

Pues, el salmista con el propósito de que entendamos los designios de Dios  nos refiere que la ley de Dios es  perfecta y que por lo tanto se cumple y se hace fuerte cuando se vive en el amor del hombre al Señor. 

Por  tanto, el evangelio nos reafirma lo anterior, mostrando que Dios  le  da  la facultad a  su Hijo Jesucristo de  perdonar  pecados  y mostrar  signos  y prodigios  por  la  gracia de su amor. 



Viernes de  XIII Semana del Tiempo Ordinario 



Lectura de la profecía de Amós 8, 4-6. 9-12

Escuchad esto, los que exprimís al pobre,
despojáis a los miserables, diciendo:
«¿Cuándo pasará la luna nueva,
para vender el trigo,
y el sábado, para ofrecer el grano?».
Disminuís la medida, aumentáis el precio,
usáis balanzas con trampa,
compráis por dinero al pobre,
al mísero por un par de sandalias,
vendiendo hasta el salvado del trigo.
Aquel día —oráculo del Señor—
haré ponerse el sol a mediodía,
y en pleno día oscureceré la tierra.
Cambiaré vuestras fiestas en luto,
vuestros cantos en elegía;
vestirá de saco toda cintura,
quedará calva toda cabeza.
Y habrá un llanto como por el hijo único,
y será el final como día amargo.
Mirad que llegan días —oráculo del Señor—
en que enviaré hambre a la tierra:
no hambre de pan ni sed de agua,
sino de escuchar la palabra del Señor.
Irán vacilantes de oriente a occidente,
de norte a sur;
vagarán buscando la palabra del Señor,
y no la encontrarán.


Salmo responsorial: Salmo 118, 2. 10. 20. 30. 40. 131 (R.: Mt 4, 4)
R. No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R.
Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R.
Mi alma se consume, deseando
continuamente tus mandamientos. R.
Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R.
Mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia. R.
Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R.


 Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
—«Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
—«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
—«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores»

Reflexión


La  palabra de Dios nos va avivando  a entender lo grande que es su misericordia, por ello el libro del profeta Amós, que hemos venido meditando nos habla de  favorecer a  los necesitados y darle gracias a Dios  por su amor  por los hombres  y manifestarle su salvación.

Cabe señalar que el salmista nos  motiva  poner  nuestra confianza en Dios  y en su palabra que da vida.

Es claro pues, que el evangelio nos  llama a ver la grandeza de Dios y ver su salvación, puesto que el Señor no hace  distinciones  y busca  la salvación de todos  los  hombres  y por eso llama a todos al servicio y esto es  lo que experimenta Mateo al seguir al Señor  que  le  manifiesta su amor. 



Sábado de  la Semana  XIII del Tiempo Ordinario 




Lectura de la profecía de Amós 9, 11-15

Así dice el Señor:
«Aquel día, levantaré la tienda caída de David,
taparé sus brechas, levantaré sus ruinas
como en otros tiempos.
Para que posean las primicias de Edom,
y de todas las naciones,
donde se invocó mi nombre.
—Oráculo del Señor—.
Mirad que llegan días —oráculo del Señor—
en que el que ara sigue de cerca al segador;
el que pisa las uvas, al sembrador;
los montes manarán vino,
y fluirán los collados.
Haré volver los cautivos de Israel,
edificarán ciudades destruidas y las habitarán,
plantarán viñas y beberán de su vino,
cultivarán huertos y comerán de sus frutos.
Los plantaré en su campo,
y no serán arrancados del campo que yo les di,
dice el Señor, tu Dios».

Salmo responsorial: Salmo 84, 9. 11-12. 13-14 (R.: 9)
R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón». R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R.


 Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 14-17
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole:
—«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
—«¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos?
Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan».


Reflexión : 

El Señor  nos motiva a confiar en Él y dejar así de  lado  todo y recordar  las  maravillas que  hace a  los  hombres  y nos  llama su  servicio.

La  profecía de Amós  nos  muestra como Dios  multiplica su misericordia a los hombres. 


Por tanto, el salmo nos  invita a ser reflejo de paz  y  de su gracia a  los  hombres. 


En el  evangelio el Señor  nos  motiva a redescubrirlo viviendo a  plenitud  la  grandeza de su salvación a  los  hombres, invitandonos a ser  hombres  nuevos que vivamos  bajo su  gracia.