Palabra de Dios para la séptima semana de Pascua.


 Lunes: 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 19, 1-8

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
—«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».
Contestaron:
—«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Pablo les volvió a preguntar:
—«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».
Respondieron:
—«El bautismo de Juan».
Pablo les dijo:
—«El bautismo de Juan era signo de conversión, y él decía al pueblo que creyesen en el que iba a venir después, es decir, en Jesús».
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses habló en público del reino de Dios, tratando de persuadirlos.


Salmo responsorial: Salmo 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ab (R.: 33a)

R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.
O bien:

R. Aleluya.

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor,
su nombre es el Señor. R.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R.



Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
—«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».
Les contestó Jesús:
—«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Reflexión:

La  palabra de Dios nos va  ya avivando hacia  la efusión del Espíritu Santo. 

Por eso el libro de  los Hechos de  los Apóstoles , nos va hablando como el Espíritu Santo va obrando en medio de  la comunidad  y da  su conocer sus  dones  y frutos, por  tanto, reconozcamos que  el ser  bautizado en Espíritu y verdad  radica  en vivir  los compromisos que adquirimos en la  vivencia de  la  palabra de Dios  y para ser  purificados  con el agua de  la salvación tal y como lo refiere el libro del Apocalipsis, para ser  ungidos  por la  gracia de Dios. 

Por tanto , en el bautismo adquirimos    los compromisos de vivir en el corazón la  palabra de Dios, siendo ejemplo vivos de  la  palabra del Señor  y así anunciarla al mundo. 

No obstante, el salmo 67, nos  invita a vivir  y reconocer a  Dios en las  maravillas  de  la creación , viendo su misericordia en ellas  sobre  nosotros.

En el evangelio el Señor  nos  invita a ver su glorificación y su misericordia  para con el mundo y como Cristo se va al Padre  y decide vivir en nuestro corazón , creando así su testamento al cual nos  llama al manifestar su paz  al mundo y vencer así con la fuerza del Espíritu Santo todo aquello que  hace que  la tierra este en guerra. 

Por tanto, como cristianos debemos ser anunciadores de amor  y de  paz  para con los  hombres. 



Martes:

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 20, 17-27

En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo:
—«Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos.
Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús.
Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu.
No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios.
He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios».


Salmo responsorial: Salmo 67, 10-11. 20-21 (R/.: 33a)

R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.

O bien:

R. Aleluya.

Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres. R.

Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. R.



Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 1-11a

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:

—«Padre, ha llegado la hora,
glorifica a tu Hijo,
para que tu Hijo te glorifique
y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne,
dé la vida eterna a los que le confiaste.
Ésta es la vida eterna:
que te conozcan a ti, único Dios verdadero,
y a tu enviado, Jesucristo.

Yo te he glorificado sobre la tierra,
he coronado la obra que me encomendaste.
Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti,
con la gloria que yo tenía cerca de ti,
antes que el mundo existiese.

He manifestado tu nombre
a los hombres que me diste de en medio del mundo.
Tuyos eran, y tú me los diste,
y ellos han guardado tu palabra.

Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti,
porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste,
y ellos las han recibido,
y han conocido verdaderamente que yo salí de ti,
y han creído que tú me has enviado.

Te ruego por ellos;
no ruego por el mundo,
sino por éstos que tú me diste, y son tuyos.
Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío;
y en ellos he sido glorificado.
Ya no voy a estar en el mundo,
pero ellos están en el mundo,
mientras yo voy a ti».


Reflexión : 


El libro de  los  Hechos de  los Apóstoles  nos va  mostrando poco a  poco como el Espíritu de Dios actúa  en nosotros  para  llevarnos  a comtemplar  la  obra de Dios, por tanto, Pablo muestra  su camino en el proceso de fe  y como Cristo nos  invita a  anunciar con su Espíritu Santo su Palabra  .  Puesto que el plan de Dios  nos  motiva a  buscar su salvación. 

El salmo 67 nos  manifiesta  las  bendiciones que Dios  hace sobre  nosotros, por ello, demosles  gracias  por todo lo que  hace en nostros  porque  inunda  nuestro ser de su presencia. 


El evangelio nos  motiva Cristo a  sentir  un nosotros su glorificación y como Él va a  nuestro encuentro para sanar  nuestras  heridas, por consiguiente, nos  regala  la  bendición de  la redención , ya que nos  llama a contemplar  las  obras de Dios.



 Miércoles: 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 20, 28-38

En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso:
—«Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre.
Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos. A nadie le he pedido dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han ganado lo necesario para mí y mis compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar para socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: "Hay más dicha en dar que en recibir"».
Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y rezó. Se echaron a llorar y, abrazando a Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba era lo que había dicho, que no volverían a verlo. Y lo acompañaron hasta el barco.


Salmo responsorial: Salmo 67, 29-30. 33-35a. 35b y 36c (R.: 33a)

R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.

O bien:

R. Aleluya.

Oh Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo. R.
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
«Reconoced el poder de Dios». R.
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder, sobre las nubes.
¡Dios sea bendito! R.



Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 11b-19

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:

—«Padre santo,
guárdalos en tu nombre, a los que me has dado,
para que sean uno, como nosotros.

Cuando estaba con ellos,
yo guardaba en tu nombre a los que me diste,
y los custodiaba,
y ninguno se perdió,
sino el hijo de la perdición,
para que se cumpliera la Escritura.

Ahora voy a ti,
y digo esto en el mundo
para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida.

Yo les he dado tu palabra,
y el mundo los ha odiado porque no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.

No ruego que los retires del mundo,
sino que los guardes del mal.
No son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.

Conságralos en la verdad;
tu palabra es verdad.
Como tú me enviaste al mundo,
así los envío yo también al mundo.
Y por ellos me consagro yo,
para que también se consagren ellos en la verdad».


Reflexión : 


En el libro de  los  Hechos de  los Apóstoles, Pablo nos  hace el mismo llamado de Cristo a estar despierto y mantener al pueblo de Dios de los  lobos feroces que  vienen disfrazados de ovejas  para destruir  todo lo que  ha  hecho el Señor, es  por eso que  el llamado de Dios es estar  preparados  y optar  por vivir el evangelio, sabiendo que existen dificultades, puesto hay que saber que Dios siemprer está con nosotros  y viene a  nuestro auxilio.

Por eso el salmo 67 nos  motiva a  reconocer  el poderío de  Dios que  nos  invita a reconocer su misericordia  para con nosotros  que  viene constantemente a sanarnos  y redimirnos  .

En el evangelio, el Señor nos  invita a  confiar en el Padre  y orar  a Él para que  nos  ayude a  anunciar  las  palabras de vida eterna de  su Hijo.


Con esto, el evagelista  nos  condiciona a ser  anunciadores de  la  verdad de Dios  y por  tanto esa es la virtud de todos  los cristianos  de  vivir en la  verdad de Jesús. 

Jueves: 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles: 22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajó a Pablo y lo presentó ante ellos.
Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó:
—«Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos».
Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto.)
Se armó un griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando:
—«No encontramos ningún delito en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?».
El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo:
—«¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma».


Salmo responsorial: Salmo 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11 (R.: 1)

R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

O bien:

R. Aleluya.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.




Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:

—«Padre santo, no sólo por ellos ruego,
sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos,
para que todos sean uno,
como tú, Padre, en mí, y yo en ti,
que ellos también lo sean en nosotros,
para que el mundo crea que tú me has enviado.

También les di a ellos la gloria que me diste,
para que sean uno,
como nosotros somos uno;
yo en ellos, y tú en mí,
para que sean completamente uno,
de modo que el mundo sepa que tú me has enviado
y los has amado como me has amado a mí.

Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo
donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste,
porque me amabas, antes de la fundación del mundo.

Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido,
y éstos han conocido que tú me enviaste.
Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre,
para que el amor que me tenías esté con ellos,
como también yo estoy con ellos».

Reflexión : 

El libro de  los  Hechos de  los Apóstoles  nos resalta  el signo de  la conversión y la  busqueda de Cristo , pero sobretodo como el Señor  viene a  nuestro encuentro a guiarnos por el buen camino y alejarnos de  la  perdición y ver su salvación para  con el hombre.

Por ende, el salmo  15 nos  invita a poner  nuestra confianza en Dios, porque  Él es el único que  nos  puede conceder  la salvación y la redención de  nuestras culpas  insertandonos en su pueblo santo. 

En el evangelio el Señor  sigue en oración pidiendo por cada  uno de nosotros  para que  nos  mantengamos  firmes en la  palabra de Dios  y creer que Cristo es  el autor de  la salvación y por consiguiente, de  la  nueva creación . 


 Viernes : 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 25, 13-21

En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para cumplimentar a Festo, y se entretuvieron allí bastantes días. Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole:
—«Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana ceder a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores tomaron la palabra, no adujeron ningún cargo grave de los que yo suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel, para que decida su majestad, he dado orden de tenerlo en prisión hasta que pueda remitirlo al César».


Salmo responsorial: Salmo 102, 1-2. 11-12. 19-20ab (R.: 19a)

R. El Señor puso en el cielo su trono.

O bien:

R. Aleluya.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes. R.



Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro:
—«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?».
Él le contestó:
—«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
—«Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta:
—«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
Él le contesta:
—«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Él le dice:
—«Pastorea mis ovejas».
Por tercera vez le pregunta:
—«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
—«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
—«Apacienta mis ovejas.
Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras».
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
—«Sígueme».


Reflexión : 

La  palabra de Dios  nos  a condicionado nuestro corazón , a comtemplar  como Dios  guía  así hijos  predilectos con su espíritu Santo a  cumplir su palabra de Salvación. 

 Pues  bien ante  la grandeza  y la  magnificencia de Dios , el hombre no comprende  el actuar de Dios  y su voluntad, por eso estos  reyes no sabe que decir al respecto porque tienen sus  corazones alejados  y por eso Pablo quiere  cumplir  la  voluntad  de Dios  y esto es  lo que quiere  mostrarnos el libro de  los  Hechos de  los Apóstoles. 

  No obstante el salmo 102, nos acerca a ver  la  grandeza de Dios  y a  bendecir su nombre con nuestra alma  por  medio del obrar y sentir  la  gracia de Dios. 

El evangelio nos  motiva a estar comprometidos a  amar a Dios  y dejar  que su voluntad se  haga efectiva en nosotros. 

Puesto que Jesús  nos  llama  a servirle  y vivir en el amor al prójimo y la  iluminación a  la  palabra de Dios a  todos aquellos que  necesitan de ella.

Sábado : 

San Matías Apóstol : 


Poco es lo que conocemos sobre Matías, quien ocupó un lugar entre los Apóstoles, luego de la muerte de Judas Iscariote. El libro de los “Hechos de los Apóstoles” guarda un gran silencio al rededor de este Apóstol. Sin embargo dejó a la Iglesia su valioso testimonio de fe.


Nos cuenta el Libro de los Hechos de los Apóstoles (Hech. 1, 15-26), cómo Dios eligió a Matías para que ocupara el lugar de Judas Iscariote, completando así el número de los doce Apóstoles:
“Uno de aquellos días, Pedro tomó la palabra en medio de ellos -había allí como ciento veinte personas-, y les dijo: “Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura, pues el Espíritu Santo había anunciado por boca de David el gesto de Judas; este hombre, que guió a los que prendieron a Jesús, era uno de nuestro grupo y había sido llamado a compartir nuestro ministerio común.(...) Tenemos, pues, que escoger a un hombre de entre los que anduvieron con nosotros durante todo el tiempo en que el Señor Jesús actuó en medio de nosotros, desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue llevado de nuestro lado. Uno de ellos deberá ser, junto con nosotros, testigo de su resurrección.” Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. Entonces oraron así: “Tú, Señor, conoces el corazón de todos. Muéstranos a cuál de los dos has elegido para ocupar este cargo, y recibir este ministerio y apostolado del que Judas se retiró para ir al lugar que le correspondía.” Echaron a suertes entre ellos y le tocó a Matías, que fue agregado a los once apóstoles.”
La muerte de Judas Iscariote produjo un vacío en el “colegio de los apóstoles”, cuya cifra de doce recordaba a los doce hijos de Jacob. Así como el Pueblo de Israel de la Antigua Alianza estaba sostenido sobre las doce Tribus, del mismo modo Dios dispuso que el Pueblo de la Nueva Alianza, la Iglesia, estuviera cimentado sobre doce columnas: los doce Apóstoles.
Judas Iscariote, al darse muerte, no acepta el perdón de Jesús. Se consideró indigno de seguir ocupando el lugar de Apóstol, después de haberlo traicionado y entregado. Este lugar queda vacante, y Dios elige, entre los discípulos, a Matías para que lo reemplace.
Pedro actúa aquí como responsable de la Iglesia primitiva. Expresa las condiciones que debe reunir el nuevo Apóstol: haber seguido a Jesús desde el Bautismo hasta el día en que nos fue quitado. El Bautismo en el Jordán y la Ascensión serán el punto de partida y el término de la predicación evangélica. Los Apóstoles debían ser testigos oculares de la Predicación y obras de Jesús.
Eran dos personas las que podían ocupar el lugar, y esto ocurre así para dejar en claro que es Dios quien elige, no los hombres. El Libro de los “Hechos de los Apóstoles” nos aclara que oraron y se pusieron en las manos de Dios, para que les indicara a quien designar. Esta designación por la suerte, siguiendo la costumbre del Pueblo de Israel, se acepta como signo de la Voluntad de Dios. No olvidemos que la Vocación es siempre un llamado Suyo.
Matías es el primero que no recibe el llamado de boca de Jesús. Dios se vale de Pedro, cabeza de la Iglesia, y de los demás Apóstoles, para realizar su elección. De este modo se viene realizando la sucesión Apostólica a lo largo de los siglos. Así Dios, a través de los hombres, va guiando a la Iglesia.
Cuando las Sagradas Escrituras dan los nombres de ambos candidatos, del primero, José, nos aclara algunas cosas; nos dice que es el llamado Barsabás, por sobrenombre el Justo. En contraste, nos presenta a Matías, sin decir de él más que su nombre. Quizá esto nos muestre que a Dios no le interesa que seamos personas importantes o conocidas, o que hagamos grandes hazañas. Solo quiere que, como Matías, seamos fieles al llamado.
La Sagrada Tradición nos provee algunos datos más sobre Matías. Nos dice de él que evangelizó Etiopía ¿No consiste en esto el mandato que Jesús le deja a sus Apóstoles, de ir a predicar y bautizar? ¿No es esto lo que hizo Matías, como el resto de los Apóstoles, recibiendo también el martirio, sellando sus palabras con su sangre?
Las reliquias del Apóstol Matías, por encargo de Santa Elena, fueron trasladadas a Tréveris. El Apóstol es Patrono de esta ciudad.
La fiesta de este santo se ubica poco después de la fiesta de la Ascensión de Jesús a los Cielos y antes de la de Pentecostés. Es que en este intervalo de tiempo los Apóstoles, encerrados en el cenáculo, orando y esperando, según narra el Libro de los “Hechos de los Apóstoles” sólo tomaron una iniciativa: buscar un sustituto para Judas. Jesús había elegido doce apóstoles y les había dicho que, a su regreso glorioso, los doce se sentarían sobre doce tronos para regir las Tribus de Israel. Y ahora faltaba uno.

Liturgia de  la  palabra: 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 15-17. 20-26

Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo (había reunidas unas ciento veinte personas):
—«Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús. Era uno de nuestro grupo y compartía el mismo ministerio.
En el libro de los Salmos está escrito: "Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella", y también: "Que su cargo lo ocupe otro".
Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba, hasta el día de su ascensión».
Propusieron dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezaron así:
—«Señor, tú penetras el corazón de todos; muéstranos a cuál de los dos has elegido para que, en este ministerio apostólico, ocupe el puesto que dejó Judas para marcharse al suyo propio».
Echaron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.


Salmo responsorial: Salmo 112, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: cf. 8)

R. El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo.

O bien:

R. Aleluya.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R.
De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R.
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R.






Cruz Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros».

Reflexión : 

El libro de  los  Hechos de  los Apóstoles  nos muestra  la elección de Matías entre el grupo de  los apóstoles  y a  la  misión que Dios deparará  para Él , llamando a nosotros a   estar  prestos a  la escucha de  la  palabra de Dios  y por  supuesto a cumplir  la  misión que nos quier e dar  a  nosotros.

El salmo 112 , nos  motiva a darle  gracias a Dios  bendiciendo todo lo que  hace  en nosotros  y contemplar sus maravillas.

El evangelio nos  invita a permanecer en el amor de Dios  y saber que  si permanecemos en Él y encontraremos su misericordia  para con cada  uno de nosotros  , para  permanecer en unidad  en Cristo , Él que con el Padre  es  uno , nos  llama a un pueblo de amor  que viva en paz  y armonía reconociendo la  palabra de Dios en nuestro corazón.


VIGILIA DE  PENTECOSTÉS  (EN LA  TARDE DEL SÁBADO)


LITURGIA DE  LA  PALABRA:

 PRIMERA  LECTURA  

Lectura del libro del Génesis 11, 1-9


Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras.

Al emigrar (el hombre) de oriente, encontraron una llanura en el país de Senaar y se establecieron allí.

Y se dijeron unos a otros:

—«Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos».

Emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento.

Y dijeron:

—«Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra».

El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo:

—«Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo».

El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad.

Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra.


Salmo responsorial: Salmo 32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R.: 5b)
R. La misericordia del Señor llena la tierra.


La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R.


La palabra del Señor hizo el cielo,
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un orbe las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. R.


Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R.


Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R.


 SEGUNDA  LECTURA 


Lectura del libro del Éxodo 19, 3-8a. 16-20b


En aquellos días, Moisés subió hacia Dios.

El Señor lo llamó desde el monte, diciendo:

—«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas:

«Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Éstas son las palabras que has de decir a los israelitas».

Moisés convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado.

Todo el pueblo, a una, respondió:

—«Haremos todo cuanto ha dicho el Señor».

Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar.

Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios y se detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en forma de fuego. Subía humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña.


Salmo responsorial: Salmo 18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6,68)

R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.


La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.
 

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.


La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y eternamente justos. R.


Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.


TERCERA  LECTURA  

Lectura del libro de Ezequiel 37,1-14


En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.

Me pregunto:

—«Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?».

Yo respondí:

—«Señor, tú lo sabes».

Él me dijo:

—«Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: “¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor”».

Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.

Entonces me dijo:

—«Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: “Así dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan”».

Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.

Y me dijo:

—«Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: “Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados”. Por eso, profetiza y diles: “Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago”». Oráculo del Señor.

Salmo responsorial: Salmo 106, 23-24. 25-26. 28-29. 30-31 (R.: 1)

R. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.


Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano. R.


Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto;
subían al cielo, bajaban al abismo,
el estómago revuelto por el mareo. R.


Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar. R.


Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres. R.



CUARTA  LECTURA  

Lectura de la profecía de Joel 3, 1-5


Así dice el Señor:

—«Derramaré mi Espíritu sobre toda carne:
profetizarán vuestros hijos e hijas,
vuestros ancianos soñarán sueños,
vuestros jóvenes verán visiones.
También sobre mis siervos y siervas
derramaré mi Espíritu aquel día.
Haré prodigios en cielo y tierra:
sangre, fuego, columnas de humo.
El sol se entenebrecerá,
la luna se pondrá como sangre,
antes de que llegue el día del Señor,
grande y terrible.
Cuantos invoquen el nombre el Señor
se salvarán.
Porque en el monte del Sión y en Jerusalén quedará un resto;
como lo ha prometido el Señor
a los supervivientes que él llamó».





Salmo responsorial: Salmo 103, 1-2a. 24 27-28. 29bc-30 (R.: cf. 30)

R. Envía tu Espíritu, Señor,
y repuebla la faz de la tierra


Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.


Cuántas son tus obras,
Señor, y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas. R.


Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo;
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes R.


Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.



 SE ENTONA EL GLORIA  

EPÍSTOLA 


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 22-27


Hermanos:

Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.

Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Porque en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve?

Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia.

Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.


Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 37-39

El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús, en pie, gritaba:

—«El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva».

Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él.

Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.


Reflexión : 

La  palabra de  Dios de  este día  glorioso nos  manifiesta en como Dios  ha  hecho su misericordia  y muestra que Él es  único que  nos  puede dar  la salvación , pues  bien, en el libro del Génesis  , Dios  ve  la desobediencia del hombre  y lo reparte  por su pecado en Babel , pero Dios le  manifiesta  la diversidad de dones  y lenguas que  vana a regir el mundo y esto es  una  prefiguración del anuncio anticipado de  la  palabra de Dios en todas  las  lenguas de  la tierra.  


El libro del Éxodo nos  motiva a ver el cambio que hace Dios en nuestra vida  para así recibir  el derramamiento de  su gracia en nosotros  para  la salvación . 

Por su parte el profeta Ezequiel nos  habla del derramamiento del espíritu de Dios  y su recibimiento en nuestro corazón para anunciar  la  palabra de Dios  valerosamente a toda  la creación.

El libro de Joel nos  reafirma que Dios  envía su Espíritu para  profetizar  y anunciar  su palabra en nosotros para  la salvación de  los hombres  .

San Pablo nos condiciona a vivir  lsa  gracia de Dios  que  la concede el Espíritu Santo y así reconocer que Cristo es rey y que su Espíritu Santo es que  hace  valiente  y así reconocer  las  obras de Dios en su creación.

El evangelo nos  llama a saciar  nuestra sed en Cristo por  medio de  l a efusión del espíritu Santo en nosotros  .