Vigilia pascual:
Con la llegada de la noche nos encontramos en el corazón de las celebraciones de semana santa. Es la hora de la gran vigilia pascual, que san Agustín denomina "la madre de todas las vigilias".
Para los cristianos de la antigüedad, la pascua no era una fiesta entre tantas, sino "la fiesta de las fiestas". Y la celebraban especialmente en la vigilia nocturna, que culminaba con la misa de la resurrección.
La liturgia de nuestro tiempo ha vuelto a descubrir el significado profundo de la pascua y de la celebración del misterio pascual. Gracias a la restauración de los ritos, iniciada siendo papa Pio XII y completada a partir del Vaticano II, la preeminencia de la pascua en el año litúrgico queda asegurada. La semana santa es el corazón del año litúrgico, y la vigilia pascual está en el corazón de la semana santa.
¿Por qué es tan importante la vigilia pascual? ¿Por qué la Iglesia insiste para que tomemos parte en la prolongada liturgia que tiene lugar a una hora tan intempestiva? No se trata simplemente de revivir una antigua tradición; lo importante es su sentido profundo y su valor intrínseco. Aquí, en el corazón de la pascua, celebramos el misterio de la redención del hombre. Según la definición de Odo Casel, la pascua cristiana es "la fiesta de la redención humana mediante la muerte y resurrección del Señor".
A lo largo del año litúrgico, la Iglesia conmemora los varios aspectos de la obra de la redención. En esta ocasión lo celebra como un todo y en toda su amplitud. Es la fiesta pascual, que incluye todos los demás misterios cristianos. Mediante nuestra unión con Cristo por la fe y el bautismo, nosotros mismos somos asociados íntimamente con Cristo muerto y resucitado. Celebrando el misterio pascual de Cristo, la Iglesia celebra su propio paso de la muerte a la vida.
La pascua judía. Esta fiesta, la más cristiana de todas las fiestas, tiene sus raíces en el Antiguo Testamento, de modo que para comprenderla hemos de considerar previamente la pascua judía. La divina providencia ha querido que ambas celebraciones vayan unidas, y, además, el nombre mismo de "pascua" es originalmente judío.
La pascua judía se celebraba el 14 del mes de primavera de nisán, y conmemoraba la liberación de los israelitas de su vida de opresión y esclavitud en Egipto. Era la fiesta de la redención, de la liberación. La sangre del cordero, que marcaba las jambas de las puertas, resaltaba su carácter redentor; porque el ángel destructor pasaba de largo ante las casas preservadas por la sangre del cordero.
En esta fiesta se conmemoraban todas las maravillas que Dios había hecho en el curso de la historia: la liberación de la mano de los enemigos, la entrega de la alianza en el monte Sinaí, los portentos del éxodo y la entrada en la tierra prometida. También conmemoraban el "nacimiento" del pueblo de Dios. De ser una minoría oprimida en Egipto, pasó a ser un pueblo, una nación, "la propiedad misma de Dios".
La pascua era el gran acontecimiento en Israel. Su conmemoración en el festival anual de pascua era la gran fiesta del pueblo judío. En el capítulo 12 del libro del Exodo leemos:
Es la pascua de Yavé... Ese día será memorable para vosotros y lo celebraréis como fiesta de Yavé... Es noche de velar en honor de Yavé, esta noche en que los sacó de la tierra de Egipto.
Su celebración no era sólo conmemoración de lo que había tenido lugar en tiempos remotos, sino un memorial a través del cual el acontecimiento pasado se hacía realidad presente, y quienes lo celebraban se sentían implicados y hechos partícipes de la experiencia de sus antepasados. Incluso en nuestros días los judíos piadosos celebran la pascua con un intenso sentido de participación personal que resulta evidente si se tienen en cuenta las palabras de su ritual: "No sólo a nuestros antepasados redimió de Egipto el Altísimo (bendito sea), sino que nos redimió también a nosotros con ellos".
La pascua cristiana. El hecho de que Jesús sufriera su pasión y se sometiese a la muerte por nosotros en los días de la pascua judía no fue mera casualidad. Forma parte del designio de Dios y de su pedagogía. En su sacrificio en la cruz, Cristo aparece como la realización de la antigua pascua. En la expresión de san Pablo, "Cristo, nuestra pascua, ha sido inmolado" (1 Cor 5,7).
Entre los escritores del Nuevo Testamento, san Juan es el que tiene especial cuidado de mostrar la correspondencia entre los acontecimientos de la pascua judía y los misterios de la vida de Cristo. Nos hace ver, por ejemplo, cómo Cristo realiza los principales tipos del Exodo. El es el nuevo Moisés, que conduce a su pueblo a la libertad, lo alimenta con el nuevo maná que es la eucaristía y le da a beber de la fuente de aguas vivas. El es la serpiente de bronce, y todos los que lo miran con fe se salvan. El es la luz que brilló en las tinieblas, una luz más perfecta que la que guió a los israelitas a través del desierto. El es el verdadero cordero pascual 1.
San Juan comienza su relato de la última cena con las palabras que recuerdan la pascua y su celebración: "Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre" (Jn 13,1). En este pasaje misterioso Cristo realiza una liberación más maravillosa que la de Moisés. En su paso de este mundo al Padre, a través de la muerte, Cristo libera a todos los hombres del pecado.
La narración de la pasión según san Juan está llena de reminiscencias del Antiguo Testamento, muchas de las cuales se relacionan con la celebración de la pascua. San Juan afirma que Jesús es crucificado a la hora en que los corderos pascuales están siendo degollados en el templo. También nos dice que, en cumplimiento de lo que estaba escrito sobre el cordero pascual, los soldados no le rompieron las piernas: "No quebrantaréis ninguno de sus huesos" (cf Ex 12,46).
La pascua cristiana es la verdadera fiesta pascual que celebra el misterio pascual de Cristo y de su Iglesia. Es una fiesta de redención que la Iglesia celebra principalmente en la vigilia pascual. En ella celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, victoria que abre a los hombres una nueva vida en Dios. A través de nuestra participación en su muerte y resurrección, conseguimos el acceso al reino de la luz y la libertad.
Luz de Cristo
El fuego nuevo es asperjado en silencio, después, se toma parte del carbón bendecido y colocado en el incensario, se pone incienso y se inciensa el fuego tres veces. Mediante este rito sencillo reconoce la Iglesia la dignidad de la creación que el Señor rescata.
Pero la cera, a su vez, resulta ahora una criatura renovada. Se devolverá al cirio el sagrado papel de significar ante los ojos del mundo la gloria de Cristo resucitado. Por eso se graba en primer lugar la cruz en el cirio. La cruz de Cristo devuelve a cada cosa su sentido. Por ello el Canon Romano dice: "Por él (Cristo) sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros".
Al grabar en la cruz las letras griegas Alfa y Omega y las cifras del año en curso, el celebrante dice: "Cristo ayer y hoy, Principio y Fin, Alfa y Omega. Suyo es el tiempo. Y la eternidad. A él la gloria y el poder. Por los siglos de los siglos. Amén".
Pregón pascual o "exultet"
Este himno de alabanza, en primer lugar, anuncia a todos la alegría de la Pascua, alegría del cielo, de la tierra, de la Iglesia, de la asamblea de los cristianos. Esta alegría procede de la victoria de Cristo sobre las tinieblas.
Luego, entona la gran Acción de Gracias. Su tema es la historia de la salvación resumida por el poema. Una tercera parte consiste en una oración por la paz, por la Iglesia en sus jefes y en sus fieles, por los que gobiernan los pueblos, para que todos lleguen a la patria del cielo.
Liturgia de la palabra
Esta noche la comunidad cristiana se detiene más de lo ordinario en la proclamación de la Palabra. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento hablan de Cristo e iluminan la Historia de la Salvación y el sentido de los sacramentos pascuales. Hay un diálogo entre Dios que habla a su Pueblo (las lecturas) y el Pueblo que responde (Salmos y oraciones).
Las lecturas de la Vigilia tienen una coherencia y un ritmo entre ellas. La mejor clave es la que dio el mismo Cristo: "todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí, tenía que cumplirse, y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó (a los discípulos de Emaús) lo que se refería a él en toda la Escritura" (L,c 24,27).
Primera lectura: Gn 1,1-31 ó 2,1-2: Vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno.
Segunda lectura: Gn 22,1-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.
Tercera lectura Ex 14-15,30 - Los israelitas cruzaron el mar Rojo.
Cuarta lectura: Is 54,5-14 - Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor.
Quinta lectura: Is 55, 1-11 - Vengan a mí, y vivirán; sellaré con ustedes una alianza perpetua.
Sexta lectura: Bar 3,9-15.32-4,4 - Camina a la claridad del resplandor del Señor
Séptima lectura: Ez 36.16-28 - Derramaré sobre ustedes un agua pura, y les daré un corazón nuevo.
El Antiguo Testamento prepara la realidad del Nuevo Testamento: lo que se anunciaba y prometía, ahora se ha cumplido de verdad.
El Antiguo Testamento prepara la realidad del Nuevo Testamento: lo que se anunciaba y prometía, ahora se ha cumplido de verdad.
Primera lectura: Rom 6,3-11 - Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.
CICLO A: Mt 28.1-10 - Ha resucitado y va por delante de ustedes a Galilea.
CICLO B: Mc 16, 1-8- Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado.
CICLO C: Lc 24.1-12 - Por qué buscan entre los muertos al que está vivo.
La Liturgia bautismal
La noche de Pascua es el momento en el que tiene más sentido celebrar los sacramentos de la iniciación cristiana. Después de un camino catecumenal (personal, si se trata de adultos y de la familia, para los niños, y siempre en lo que cabe, de la comunidad cristiana entera), el signo del agua -la inmersión, el baño- quiere ser la expresión sacramental de cómo una persona se incorpora a Cristo en su paso de la muerte a la vida.
Como dice el Misal, si se trata de adultos, esta noche tiene pleno sentido que además del Bautismo se celebre la Confirmación. para quedar ya integrados plenamente a la comunidad eucarística. El sacerdote que preside tiene esta noche la facultad de conferir también la Confirmación, para hacer visible la unidad de los sacramentos de iniciación.
a renovación de las promesas bautismales, si no se ha celebrado el Bautismo, (ya lo habrán realizado entonces, junto con los padrinos y/o bautizandos). Se trata de que todos participen conscientemente tanto en la renuncia como en la profesión de fe;
el signo de aspersión, con un canto bautismal, como un recuerdo plástico del propio Bautismo. Este signo se puede repetir todos los domingos de la Cincuentena Pascual, al comienzo de la Eucaristía.
el signo de aspersión, con un canto bautismal, como un recuerdo plástico del propio Bautismo. Este signo se puede repetir todos los domingos de la Cincuentena Pascual, al comienzo de la Eucaristía.
La Eucaristía
La celebración eucarística es la culminación de la Noche Pascual. Es la Eucaristía central de todo el año, más importante que la de Navidad o la del Jueves Santo. Cristo, el Señor Resucitado, nos hace participar de su Cuerpo y de su Sangre, como memorial de su Pascua.
Es el punto culminante de la celebración.
Es el punto culminante de la celebración.